Jue. Abr 25th, 2024

Pocos conocen los retos laborales y personales que suponen ser científico en España. Superar un doctorado, un proceso formativo con alto potencial de impactar tu salud mental, es solo el principio. Muchos científicos sacrifican años en diferentes instituciones y países, truncando sus relaciones y proyectos de vida por convertirse en piezas clave para el progreso del conocimiento en España. Muy poca/os lo harán amparada/os por contratos extremadamente selectivos de 2-3 años de duración, como los prestigiosos Marie Curie europeos, los Juan de la Cierva españoles o sus versiones autonómicas. La gran mayoría, subsistirán encadenando periodos de desempleo y contratos de pocos meses. Después de semejante carrera del salmón, alcanzando una edad media de estabilización entre los 43 y 45 años. La carrera científica en España ofrece menos opciones de reproducción que la de los peces.

Durante épocas que pueden superar la década, los científicos tienen que dedicar varias horas al terminar su jornada laboral a idear, justificar y solicitar el trabajo que les mantenga un par de años más. Este sinfín de horas extra solo valdrán la pena si se supera un concurso y el científico continúa contratado. Para saberlo, deberá esperar de medio a un año y, en el caso de que lo consiga, medio año más para recibir un nuevo salario. La administración de la ciencia española impone este tipo de vida a través del sistema actual de convocatorias de apoyo a la labor científica. Nuestra experiencia dentro y fuera del país, nos ha permitido ver que este sistema está, además, plagado de tendencias tóxicas para la supervivencia de nuestros científicos. Estas tendencias están marcadas por una falta de empatía, eficiencia, criterio y voluntad. A continuación, mostramos por qué y proponemos soluciones.

Falta empatía

Las convocatorias caen como las lluvias en España, pocas o torrenciales, obligando a los científicos a pedirlo todo, atropellando el desarrollo de su investigación. Por ejemplo, entre enero y febrero de 2022 había cinco convocatorias superpuestas, cuatro de financiación económica (Ramón y Cajal, Emergia, Proyectos de la Junta de Andalucía, Proyectos de Transición ecológica y digital del estado), y una de evaluación de la calidad científica individual (el I3, ahora R3). Además, las necesidades políticas parecen primar por encima de las necesidades vitales de los científicos. Por ejemplo, este año aún no han salido los proyectos EMERGIA de la Junta de Andalucía.

Falta eficiencia

Además, cada convocatoria exige extensas y diferentes combinaciones de documentos que describen los méritos curriculares de los científicos. Estas tareas redundantes acaban invadiendo la jornada laboral, y así, la administración termina pagando por refritar curriculums para convocatorias. En su lugar, debería recompensar con trabajo estable la capacidad de descubrir y resolver problemas complejos. Esta parafernalia administrativa que consume anualmente cientos de horas de vida, laborales y personales, a la comunidad científica es innecesaria.

Falta criterio

Estas convocatorias gargantuescas frecuentemente contienen requisitos de participación extremadamente arbitrarios. Como ejemplo, el último programa “Atrae” de la Agencia Estatal de Investigación para la atracción de talento internacional, donde candidatos con más de 10 años de experiencia en el extranjero no tienen cabida si no han estado “Cinco de los últimos siete años en el extranjero”. Además, la falta de transparencia en los criterios y baremos aplicados en las valoraciones solo generan desconfianza. Los criterios son extremadamente subjetivos. Por ejemplo, un criterio de evaluación es la “capacidad de liderazgo”, pero luego, es imposible saber cuantos puntos obtendrás por cada tesis dirigida o proyecto liderado. Los baremos de esos criterios solo se publicarán, si hay suerte, a posteriori de las evaluaciones. Como consecuencia, a unos candidatos se les valoran cosas que a otros ni siquiera se les considera. La oscuridad en la aplicación de criterios, contrasta con la precisión de las calificaciones numéricas, que en algunos casos pueden denegar la certificación por menos de medio punto. Esto bloquea el derecho de argumentar correctamente una reconsideración. Es difícil no pensar que estas decisiones siguen oscuros intereses existentes dentro de las comisiones de evaluación.

Falta voluntad

No es admisible que más de 3.300 especialistas contratados temporalmente en España (datos de CSIC y universidades) no puedan establecerse y reproducirse. Disminuir la edad media de estabilización no será posible mientras sigamos a la cola de Europa en cuanto a inversión en I+D+i, en porcentaje del PIB. Sin embargo, incluso alcanzar el idílico 2% del PIB en I+D+i será pan para hoy y hambre para mañana. Necesitamos renovar el sistema de gestión de la ciencia, y nosotros proponemos las siguientes soluciones

Un sistema más empático

Primero, cambiar el turbulento flujo de fondos asociados a convocatorias por un modelo de financiación continua, en el que los nuevos proyectos se pueden solicitar, de modo telemático, durante todo el año. Para resolver problemas de la sociedad, los científicos deberían diseñar proyectos según los resultados o capacidades que alcanzaron con su proyecto actual, no un año antes de tenerlos. Con la financiación continua se evitarían picos de trabajo causados por las avalanchas puntuales de solicitudes y los consecuentes retrasos en las resoluciones. Además, se favorecería la estabilización del tamaño de la plantilla de trabajadores en el organismo gestor.

Así, el organismo gestor amortiguaría los pulsos de presupuesto de los organismos financiadores (Estado, autonomías, empresas, mecenas, etc). Los investigadores podrían así solicitar proyectos en cualquier momento del año. Esto ya se hace con éxito en la famosa fundación estatal para el amparo de la ciencia de São Paulo en Brasil (FAPESP). En el modelo que proponemos, los organismos financiadores podrían escoger qué temas financiar en cada delegación del organismo gestor, permitiendo especificidades de financiamiento en cada autonomía. Para los científicos lo importante es que les permita ajustar sus solicitudes a la duración de sus contratos, que las evaluaciones sean ágiles y no tener que participar en múltiples convocatorias simultáneas.

Evaluaciones más eficientes

Segundo, el organismo gestor debe contar con un modelo híbrido, telemático y automatizado de evaluación científica. En él, los investigadores simplemente actualizarían su CV Normalizado (CVN) en una plataforma pública y acreditarían sus méritos con documentos digitalizados, como se hace actualmente en la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA). La actividad científica se evaluaría automáticamente para cada nivel de la carrera investigadora en base a las competencias establecidas por la Unión Europea (R1-R4). Una vez satisfechos los requisitos de una etapa profesional, se podría solicitar financiamiento para la siguiente. En la evaluación, revisores científicos y administrativos evaluarían la veracidad del CVN, la adecuación al proyecto solicitado, y la adecuación legal/fiscal de los recursos solicitados. Así, la revisión de CVNs y proyectos podrá ser más pormenorizada. Además, se elimina el enorme trabajo dedicado a la solicitud y evaluación de convocatorias con candidatos repetidos.

Criterios más transparentes

Para asegurar la transparencia de las evaluaciones, este organismo debería mantener públicos y actualizados los criterios y baremos cuantitativos para demostrar esas competencias, que permitan a cada candidato y a los evaluadores calcular una puntuación similar.

En este sistema, como los científicos pueden solicitar la evaluación para la siguiente etapa profesional en cuanto alcancen los requisitos mínimos, tienen cabida carreras científicas que se desarrollen a diferentes velocidades. Así, unos pocos procesos selectivos espaciados por unos años de estabilidad laboral -dos a cuatro años según la etapa- irán cribando científicos poco a poco. Finalmente, solo aquellos que alcancen el nivel necesario para la estabilización podrán acceder a la misma.

La ciencia resuelve los problemas más complejos de la sociedad, pero, ¿cómo vamos a conducir a nuestra/os mejores estudiantes por un camino que atenta contra su futuro profesional y personal? Necesitamos un cambio drástico. Los gestores de la ciencia deben planteárselo ya y velar por el interés general de nuestros científicos.

Agustín Camacho Guerrero es investigador de la Universitá degli Studi Roma Tre.

Teresa Boquete Seoane es bióloga e investigadora distinguida por la Universidade de Santiago de Compostela.

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