Mar. Abr 23rd, 2024

¿Dónde se sitúa la barrera entre lo posible y lo imposible? ¿Cómo se combinan ambas dimensiones en nuestras vidas ideales y cotidianas? Carlos Eire, catedrático de Historia y Estudios Religiosos de la Universidad de Yale, acaba de publicar un libro insólito titulado They Flew. A History of the Impossible (Volaron. Una historia de lo imposible). La obra es el culmen de toda una vida dedicada a estudiar lo prodigioso, incluidas las creencias en el Más Allá. En 1995, por ejemplo, se editó en Cambridge University Press su From Madrid to Purgatory. The Art and Craft of Dying in Sixteenth-Century Spain (De Madrid al Purgatorio. El arte y el oficio de morir en la España del siglo XVI), y en 2009 Princeton University Press sacó A Very Brief History of Eternity (Una muy breve historia de la eternidad) lo que confirma, entre otras cosas, su extraordinario don para titular.

El propio Eire reconoce que su último libro es fruto de reflexiones elaboradas a lo largo de 40 años y, haciéndonos partícipes de su entusiasmo, confiesa cómo aún recuerda la extrañeza y fascinación con que en 1983 escuchó las palabras de la guía que enseñaba el convento de la Encarnación de Ávila, donde vivió Teresa de Jesús: “Esta era la clausura, aquí comían las monjas, aquí dormían, aquí cocinaban, aquí rezaban, en esta escalera se cayó la santa y se rompió el brazo”. Y luego, como si nada: “Este es el lugar donde Teresa y Juan de la Cruz levitaron juntos por primera vez”.

Un tema cada vez más candente hoy en día es el de los imaginarios religiosos de Occidente con un interés creciente por el sur de Europa. El nuevo libro se centra sobre todo en la cultura de lo milagroso en Italia, España y sus colonias americanas en el siglo XVIII. Eran muchos los sucesos extraordinarios registrados en aquel entonces, unas veces atribuidos a Dios y otras al demonio. Entre todos ellos, destacaban las levitaciones —o vuelos— y la bilocación. Para el lector actual, ambos términos evocan más bien el mundo del ocultismo y el espiritismo de la segunda mitad del siglo XIX y la primera mitad del XX, pero tanto los episodios de levitación como los de bilocación —aunque todavía no fueran denominados así— habían sido inseparables de las biografías de los santos tiempo atrás.

Ambos fenómenos se consideraban —y siguen considerándose— dones sobrenaturales, carismas o milagros que a veces acompañan los éxtasis de los místicos. Levitar o flotar sería lo mismo que quedarse suspendido en el aire; pero suspenderse significa también embelesarse, sentir una admiración o asombro tales que uno se olvida momentáneamente de todo, quedándose como paralizado. Por otro lado, estar en dos lugares al mismo tiempo supone transportarse, o sea, extasiarse, arrobarse, sentir una emoción intensa de alegría. Ambos fenómenos nos conducen a los terrenos de la espiritualidad más íntima y sutil, casi evanescente, ya sea desde un punto de vista literal o figurado, simbólico o alegórico. Y es que precisamente todo eso que puede resultar tan falso, absurdo, ridículo y desestimable como las apariciones (teofanías o hierofanías) constituye el núcleo o esencia del estudio de la religión. También en otras culturas y contextos, como el hinduismo, el budismo, la antigüedad grecolatina o el chamanismo, las “historias de lo imposible” se multiplican hasta el infinito.

Un amplio elenco de levitadores

Quizás lo que pueda resultar más novedoso para quienes no son expertos en la ciencia de la santidad, sea el amplio elenco de levitadores que ofrece el libro (entre ellos, Cristina la Asombrosa, la mística belga a quien Nick Cave dedicó una canción en 1992; José de Cupertino, el humilde fraile italiano que muchos juzgaban tarado sobre el que se hizo una película en 1962; o el famoso Padre Pío, canonizado en 2002). A propósito de la bilocación (transvección, teleportación, viaje místico o doppelgänger) llama la atención el caso de la venerable María Jesús de Ágreda, que nunca salió de esta localidad y de quien se afirmaba que había sido vista en Nuevo México predicando el evangelio a los indígenas. La monja soriana, famosa por su voluminosa correspondencia con el rey Felipe IV, escribió una obra monumental, una especie de evangelio de la Virgen según el cual su supuesta visita en carne mortal a Zaragoza —o bilocación— en el año 40 habría resultado decisiva para asegurar el éxito del cristianismo.

Otro tipo de vuelos no menos interesantes son los que se atribuían a supuestos seres demoníacos como las brujas o a los impostores religiosos denunciados por los reformadores protestantes, así como por la Inquisición católica. Sin perder un ápice de interés, tanto la persecución de las primeras como las denuncias de los segundos nos resultan menos poéticas que los milagros de las crónicas hagiográficas. Cabe preguntarse si, en último término, de lo que se trata en el fondo es de poesía —una forma de lenguaje, en este caso religioso— o de lo sobrenatural en un sentido estricto, pues en último término nos quedamos en vilo —en suspenso— sin saber cómo interpretar las maravillas atribuidas al poder de la creencia, llámese fe.

Toda la cultura que va contigo te espera aquí.

Suscríbete

Babelia

Las novedades literarias analizadas por los mejores críticos en nuestro boletín semanal

RECÍBELO

Suscríbete para seguir leyendo

Lee sin límites

_