Mar. Abr 23rd, 2024

Una pequeña chispa, la condena a prisión de un activista que rechazaba la construcción de una mina en la república de Baskortostán, unos 1.300 kilómetros al este de Moscú, junto a los montes Urales, ha provocado la primera protesta relativamente multitudinaria en Rusia desde la movilización militar en otoño de 2022. Unos 2.000 ciudadanos han tomado el centro de la capital de esa región, Ufá, que se suman a los miles de manifestantes que han salido a la calle los últimos tres días y han desafiado el gran dispositivo policial desplegado por las autoridades. Decenas de personas han sido arrestadas, según los medios independientes rusos.

Las protestas comenzaron el pasado 17 de enero, cuando un conocido defensor de la etnia baskir, Fail Alsinov, fue sentenciado a cuatro años de cárcel bajo la excusa de haber insultado a los inmigrantes. El activista se había opuesto estos años a la construcción de una mina en un lugar sagrado de su pueblo, el monte Kushtau, y tras el comienzo de la invasión de Ucrania en 2022 había sido arrestado en varias ocasiones por su oposición pública a la guerra.

Baskortostán es una región rica en oro, carbón y otros recursos mineros. Durante uno de los mítines que pronunció en 2023, Alsinov denunció que sus riquezas son explotadas por empresas domiciliadas fuera de su provincia mientras su etnia desaparece poco a poco empobrecida. “¿Qué beneficio obtenemos de esto? Nuestros muchachos se van; inclinan la cabeza y mueren. Los hombres que puedan defender nuestras tierras no se quedan. Solo se quedan las mujeres y las ancianas. Los alcohólicos mueren borrachos, los vivos mueren en la guerra [contra Ucrania]”, denunció Alsinov, cuya organización fue declarada extremista por las autoridades.

El Comité de Investigación ruso, la Fiscalía que depende directamente de la presidencia, abrió una causa penal en su contra en agosto de 2023 al imputarle un delito de incitación al odio contra los inmigrantes. El activista había pronunciado su mitin en lengua baskir y la traducción al ruso aducía que se había pronunciado de forma peyorativa sobre los trabajadores llegados de otras regiones de Rusia y de los países del Cáucaso y Asia central. “Los armenios volverán a su tierra natal, Kara Jalik [un término túrquico despectivo equivalente a ‘gente mafiosa’]”, recogía la documentación presentada por la acusación. No obstante, su defensa alega que fue mal traducido al ruso y se refería a ellos como “gente pobre”.

El juicio se celebró en la ciudad minera de Baymak. El mismo día que los jueces dictaron sentencia se congregó una gran multitud ante el tribunal, entre 5.000 y 10.000 personas, señala el diario independiente Viorstka. “Hombres, mujeres, ancianos y niños” que gritaron “¡vergüenza!” cuando uno de los seguidores de Alsinov anunció el veredicto con un megáfono, según el periódico. “Muchas gracias por apoyarme, nunca lo olvidaré. No soy culpable”, dijo el activista al medio RusNews.

En Baymak ha habido esta semana temperaturas inferiores a -15 grados. Enfundados en sus abrigos, algunos de los manifestantes se enfrentaron aquel día con la policía arrojando bolas de nieve mientras las enormes filas de agentes trataban de dispersar a la multitud. Pese a que WhatsApp y Telegram comenzaron a funcionar mal en la región en aquellos momentos, los vídeos de las primeras protestas en Rusia en más de un año se difundieron rápidamente por internet.

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El Comité de Investigación abrió una causa penal por “disturbios masivos” en la ciudad y advirtió de que identificará y juzgará a los participantes en las protestas, cuya condena podría alcanzar los 15 años de prisión bajo aquel artículo del código penal. Sin embargo, la medida no ha desalentado a los habitantes de la región y han continuado tomando las calles de Baymak y la capital regional en los días posteriores al juicio de Alsinov.

Prohibición de manifestarse

Las manifestaciones están prohibidas de facto en Rusia, incluso un piquete individual con un folio en blanco puede conllevar un arresto. Este es el motivo por el que los baskires han jugado al gato y al ratón con la policía este viernes. Más de 2.000 personas han tomado la plaza Salavat Yúlayev de Ufá, pero no ha sido una manifestación común: en vez de formar un solo bloque y gritar sus quejas, bailaban en círculos cantando canciones en baskir o se movían sin rumbo con el pretexto de que querían visitar el monumento a Yúlavev —héroe independentista baskir del siglo XVIII—, según ha narrado un periodista local del canal SOTA. Sin embargo, la policía ha arrestado a varias personas.

Una plataforma rusa que investiga la persecución política en el país, OVD-Info, estima que 19.747 personas han sido arrestadas durante las protestas realizadas desde el comienzo de la invasión de Ucrania el 24 de febrero de 2022, a lo que se suman 865 casos penales contra opositores a la guerra, muchos de ellos castigados con largas penas de prisión o multas severas. El Kremlin logró apagar las quejas en las calles a través de un enorme despliegue policial y del endurecimiento de las leyes que contempla el ingreso en la cárcel por criticar las acciones del ejército y su alto mando, tanto para aquellos que defienden la paz como para los ultranacionalistas que se quejan de la dirección de la guerra.

Desde que comenzó la ofensiva sobre Ucrania apenas se han producido dos grandes olas de protestas. La primera, al inicio de la invasión; y la segunda, después de que el presidente Vladímir Putin decretara una movilización masiva en septiembre de 2022, especialmente en regiones como Baskortostán y Daguestán debido a que el alistamiento se ensañó con las minorías étnicas. La detención y envío a los centros de reclutamiento de sus participantes ahogó aquellas protestas rápidamente, aunque en estas últimas semanas se ha producido otro conato de manifestación después de que decenas de mujeres de los movilizados exigieran su vuelta a casa.

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