Jue. Abr 25th, 2024

Se presentó 50 minutos tarde y entre las primeras palabras que dijo utilizó dos veces “coño” y tres “hostia”. Pero Robe Iniesta estaba sonriendo. Era solo que el micrófono no funcionaba y emitía unos sonidos desagradables. Mucho mejor la áspera voz de Robe diciendo palabrotas. Robe Iniesta (Plasencia, 61 años) acudió ente martes a una sala de Madrid para ofrecer una rueda de prensa con motivo de su nuevo trabajo como Robe, Se nos lleva el aire, y para anunciar una gira que comenzará en mayo de 2024 y se compondrá de unas “40 fechas”. Solo hubo una pregunta sobre Extremoduro, el grupo que fundó a finales de los ochenta y que terminó abruptamente durante la pandemia. Cuando alguien le plateó la posibilidad de una última gira, la resolvió con esta contundencia: “Eso ya se perdió, forma parte del pasado. Pasó a la historia”.

El cantante estuvo escoltado por su banda actual de seis miembros a la que, en una alarde jerárquico, denomina Los Robe. Las ruedas de prensa de Robe son encuentros apacibles alejados de aquellas malencaradas puestas en escena de los años duros de Extremoduro, como cuando el cantante rompió las páginas del suplemento de EL PAÍS, Tentaciones, con un “a la mierda” porque no le gustó una fotografía y un titular. En aquella ocasión (2001) le acompañaban en la mesa Fito Cabrales, Manolo Chinato e Iñaki Uoho, ya que era la presentación del disco Extrechinato y Tú.

Pero ya decimos que aquella aspereza es cosa del pasado. Robe sabe que la mayoría de los que acuden a sus convocatorias le idolatran, así que no espera ninguna pregunta incómoda. Contó que Se nos lleva el aire se compuso durante el confinamiento y apuntó el propósito del disco: “Vivir el presente porque todo se lo lleva el aire y hay que saber disfrutar de cada momento”.

Robe Iniesta con miembros de su grupo en noviembre de 2022 en el WiZink Center de Madrid. Europa Press News (Europa Press via Getty Images)

Se nos lleva el aire, mejor disco del año español para Babelia, supone el cuarto trabajo en solitario de Robe, grabado con los mismos instrumentistas que configuraron dos años y medio atrás Mayéutica (2021). Es su banda extremeña, con Carlos Pérez al violín, instrumento con el que Iniesta ha dotado de originalidad a su sonido. Ya es su marca. También importante la aportación de Lorenzo González a la voz, que dobla con potencia a la de Robe, a veces matizando por arriba el agreste tono del jefe y otras alzando el vuelo en momentos de éxtasis sónico. Es un trabajo con canciones largas (cinco de las diez pasan de los seis minutos), con espacio para el lucimiento del guitarrista Woody Amores y el teclista Álvaro Rodríguez, casi siempre sonando setentero, a lo Jon Lord. Ambos aportan solos consistentes.

Iniesta comentó en la presentación que disfruta más la labor de composición y en el local de ensayo que las giras. Y anunció un largo parón después de las actuaciones de 2024. “Nunca he hecho tantas giras seguidas. Y después de esta habría que parar un par de años, para componer, jugar en el local y para que la gente no se canse de nosotros. Ojalá tenga cuerda para rato”. Le preguntaron sobre el contenido de sus letras y dijo: “Yo tampoco las entiendo, soy tan víctima como vosotros. Y cuando veo que alguien analiza algo digo: pues mira, ahí le han dado”. Y añadió: “No es necesario entenderlo todo para disfrutarlo. Lo disfrutas si te emociona. No hace falta entenderlo todo, en el arte no”. Dejó un recado para sus excompañeros: “Somos más banda de lo que ha sido Extremoduro nunca. Por la manera de trabajar en lo artístico”. También señaló que va a seguir interpretando temas de su exgrupo en directo: “Lo que más me gusta es lo nuevo, pero esas canciones antiguas con la energía de la gente molan mucho”.

Por encima de todo Se nos lleva el aire muestra a un Iniesta en un estado celestial en las letras. Como siempre surgen múltiples lecturas en sus textos, con diferentes capas líricas. El concepto de volar se impone en varios momentos del álbum, un anhelo que tiene mucho que ver con desaparecer, porque ya que no se puede arreglar este mundo con metástasis lo más inteligente es apelar a la levedad. Mejor alzar el vuelo que despeñarse. Es de lo que trata la apertura, El hombre pájaro: volatilizarse como opción para soportar la ausencia de la persona amada. Puede referirse a echar de menos a algo y no a alguien, pero la imaginación es romántica y nos gusta pensar que es un canto a un amor (o amistad) que se fue. “Necesito que vengas tú para sujetarme. / Necesito que vengas, que se me lleva el aire”, implora Robe en el tema.

El disco contiene la canción más heavy que haya grabado nunca Iniesta y la más pop. Y las dos son fantásticas. Viajando por el interior es borrica desde el segundo uno y hasta los 6,55, y ofrece una reflexión sobre esa búsqueda eterna y utópica: “Me he vuelto a desorientar. / Por favor, si supieras, dime, la felicidad, dónde queda”. Mención especial a su tierra, al Piornal, en el extremeño Valle del Jerte. Y luego está Adiós, cielo azul, llegó la tormenta, una golosina pop-rock, la demostración de que este hombre puede componer una irresistible pieza comercial con sustancia, con un giro melódico maravilloso (a la altura de “y todo parecía encajar”) y una letra sobre los sinsabores del amor: del cielo azul a la tormenta, la historia de siempre contada como nunca. El tesoro del disco es El poder del arte, la composición más larga, 9,09 minutos de locura narrativa e instrumental para decirnos que la única salvación proviene del arte: “Tal vez si pudiera hablarte de si fuera cierto que el poder del arte bien nos pudiera salvar de una vida inerte, de una vida triste, de una mala muerte”.

Ininteligible y Nada que perder ya las conocíamos, ya que la primera se publicó dos años atrás y la segunda hace unas semanas. Las dos convencen. Haz que tiemble el suelo arranca suave y se va encabronando, con versos derrotados como: “Dónde está el amor sin condición, voló y voló, y se lo ha llevado el viento. / Dónde te has dejado el corazón, se me cayó y se lo ha comido el perro”. Puntos suspensivos recuerda a los Extremoduro de La ley innata, con una cadencia de guitarra en los segundos iniciales muy Iñaki Uoho. Es otro gran tema. A la orilla del río, que ya la había interpretado en la gira de Mayéutica, es la nota ligera de un álbum en general duro. Se nos lleva el aire se cierra con una gamberrada muy seria, Esto no está pasando, la canción más breve (2,44), un tema punki que habla de todo lo que nos propusimos hacer, arreglar el mundo incluido, y que no lo vamos a consumar.

Pero no son solo las letras, sino cómo las canta Robe, jugando con las entonaciones siempre justas, precisas, en el momento adecuado. Si hay que ponerse cafre, ningún problema; si la canción pide ternura, el de Plasencia también trae un saco repleto. Nunca canto tan confiado el exlíder de Extremoduro.

Hablando de Extremoduro: hay que decir que Iniesta se ha reinventado después del traumático divorcio con Iñaki Uoho, el arquitecto del sonido del grupo desde Agila. Muchos anhelarán aquel sonido del exPlatero y Tú, porque había más orden y un plan, pero ya son cuatro discos en solitario y hay que acostumbrarse a este nuevo sonido.

En la rueda de prensa le preguntaron por el estado de la música actual. “La mayor diferencia es que todo el mundo oye lo mismo al mismo tiempo. Veo que chavalitos de 20 años tienen más escuchas de las que vamos a tener nosotros nunca. No puedes competir contra eso. Lo bueno es que nos la suda”, apuntó.

El encuentro con los medios terminó con un aplauso. “Bueno, queréis unas fotitos ¿no?”, dijo el extremeño. Después de posar estuvo una hora charlando de manera informal con todo el que se le acercó. Estaba feliz.

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