Vie. Abr 12th, 2024

Emmanuel Macron, en una rueda de prensa en horario de máxima audiencia, ha prometido este martes “orden” y “autoridad” para hacer una “Francia más fuerte y más justa”. Entre otras medidas, plantea un “rearme cívico”, e incluso “demográfico” que incluirá un plan para fomentar la natalidad. El presidente de la República busca un impulso en su mandato, una semana después de nombrar al primer ministro más joven de la historia de la V República, y a seis meses de unas elecciones europeas en las que la extrema derecha francesa parte como favorita.

El arranque del nuevo Gobierno ha quedado empañado por unas declaraciones de la ministra de Educación, Amélie Oudéa-Castéra. La ministra justificó llevar a sus hijos a una escuela privada católica de élite criticando una escuela pública de París donde su hijo había sido alumno. Después se excusó.

Macron considera precisamente la escuela como una prioridad para insuflar oxígeno a la Francia alicaída. La idea es que el orden y la autoridad no pertenecen a la derecha, y menos a la extrema derecha. La izquierda ve en estas palabras la confirmación de un giro derechista.

“El orden va de la mano del progreso, y la autoridad, de la emancipación”, declaró antes de responder durante más de dos horas a la prensa. El escenario era el de las famosas ruedas de prensa del general De Gaulle. Enfrente, centenares de periodistas bajo las majestuosas lámparas de la sala de fiestas del Elíseo. El presidente se propone, en los últimos tres años y medio de su segundo y último quinquenio, combatir “el espíritu de la resignación”, ese pesimismo tan típicamente francés.

”Estoy convencido de que tenemos las capacidades para tener éxito, de que no ha terminado nuestra historia de progreso y de que nuestros hijos vivirán mejor que nosotros”, dijo Macron. A continuación, defendió la experimentación con el uniforme en un centenar de centros, el aprendizaje del himno de La Marsellesa, el refuerzo de la instrucción cívica y la instauración de ceremonias de entrega de diplomas. “Cuando la República pierde sus ritos, otros ritos se inventan”, defendió. “No creo en absoluto que lo simbólico sea algo anticuado”.

En primera fila, se sentaba el nuevo primer ministro, Gabriel Attal, el más joven de la historia de la V República. Y los nuevos ministros, entre ellos algunos antiguos colaboradores del expresidente conservador Nicolas Sarkozy, como la titular de Cultura, Rachida Dati. La huella de Sarkozy no solo se nota en el personal; palabras como “autoridad” o “rearme”recuerdan a su antecesor. “En una semana”, escribe la columnista de Le Monde Françoise Fressoz, “el macronismo ha mutado en un sarko-macronismo”.

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Macron mira la Francia actual y saca conclusiones. Es un país que, en cuestiones de seguridad, identidad o inmigración, se inclina a la derecha. Un país, también, con una derecha populista y radical más fuerte que nunca. “La demanda de autoridad es fuerte e incontestable”, comentaba, antes de la rueda de prensa, Brice Teinturier, director general delegado de Ipsos Francia. “La cuestión de la seguridad, también, más fuerte, por cierto, que la de la inmigración.”

Macron conoce la historia reciente. En los últimos veinte años, un Le Pen ―primero el padre, Jean-Marie, y después la hija, Marine― se ha clasificado para la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, salvo en dos ocasiones: cuando Sarkozy era candidato. Lo logró desde la derecha y apropiándose de temas predilectos de la extrema derecha como la identidad.

“La apuesta de Macron es decir que, si no tenemos en cuenta los temas que defiende el RN, sobre todo la inmigración, le dejamos un campo extremadamente amplio”, resumía Teinturier. “La dificultad de esta apuesta es que, hasta ahora, en la cuestión de la inmigración, el RN es percibido como el partido más creíble. Es un dilema: no hablar de este tema es ceder su monopolio al RN, pero hablar de ello lo hace subir”.

Macron niega haberse derechizado. Se reclama aún del espíritu de 2017, cuando conquistó el poder, reclamando ser “ni de izquierdas ni de derechas”. Así, en la rueda de prensa, hizo un guiño a la izquierda al afirmar que Francia no será “fuerte y justa” si, al mismo tiempo, no se repara “la primera injusticia: el determinismo social y familiar”. Es decir, la realidad de que alguien, por su apellido de origen extranjero o su barrio de procedencia ―periférico, empobrecido, con población de origen inmigrante ― tenga menos oportunidades que el resto.

Macron situó el diagnóstico sobre la Francia de hoy en un contexto global, el de “un mundo de ayer que se está esfumando”. Para que Francia sea más fuerte, dijo, “un elemento indispensable es una Europa más fuerte, más unida, más soberana”. Añadió: “Las elecciones europeas serán una cita y un momento de la verdad”.

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