Jue. Abr 25th, 2024

No hay caja sin promesa: “Energía y vitalidad”, “Inmunidad”, “Confort de la próstata”. En los anaqueles de una parafarmacia de Barcelona, rebosan decenas de cajas con píldoras que, bajo la fórmula de complementos alimenticios, garantizan reducir el “daño oxidativo”, tener “energía y deseo sexual” o “quemar la grasa”, entre otros augurios. A pocos metros, en las baldas de un supermercado, se repite el patrón: multivitamínicos, minerales y combinados con extractos de hierbas se ofrecen para el “bienestar de las articulaciones”, ayudar a la “detoxificación” o lograr “un extra de vitalidad”. Unos y otros copan, aparentemente, todos los flancos del bienestar. Pero la comunidad científica mira con recelo tantas promesas y advierte de que hay ahí más marketing que eficacia: ni curan, ni previenen enfermedades, ni son inocuos.

Los expertos en nutrición avisan, de hecho, de las limitaciones de estos productos y apuntan que, más allá de la indicación a personas con déficits nutricionales justificados por determinadas situaciones clínicas, los complementos alimenticios carecen de eficacia para tratar afecciones o evitar la aparición de dolencias cardiovasculares o cáncer, por ejemplo. En el peor de los casos, estos preparados pueden, incluso, entrañar ciertos riesgos si se ingieren sin supervisión o en cantidades más elevadas de las máximas recomendadas.

A ojos de la ley, toda esta clase de preparados son alimentos, no fármacos. Alimentos cuyo fin es complementar —que no sustituir— una dieta equilibrada normal. Son, por ejemplo, vitaminas, minerales (como el calcio o el magnesio, por ejemplo) y probióticos. También aminoácidos, como la glutamina, o compuestos derivados de plantas, como la cafeína o el ginseng. A diferencia de los medicamentos, los complementos alimenticios no necesitan autorización para su venta y se dispensan en cualquier local donde se comercia con alimentos, desde una farmacia hasta un supermercado. Pero la dietista y nutricionista Azahara Nieto advierte de que, por muy naturales que sean o parezcan, “no son inocuos”. Y además, enfatiza: “Si la alimentación es completa, no necesitas suplementación”.

Solo cuando hay algún déficit nutricional detectado tiene sentido recurrir a determinados complementos alimenticios, defienden los expertos. “Hay deficiencias primarias, cuando el nutriente no está en la dieta, y deficiencias secundarias, en las que ese nutriente, pese a estar presente en la dieta, por lo que sea, como que no metaboliza bien, no termina de llegar y se aporta por otras vías”, expone el dietista y nutricionista Juan Revenga. Las personas con obesidad operadas de cirugía bariátrica, por ejemplo, necesitan una suplementación de vitaminas y minerales. También a aquellos individuos que siguen un patrón de vida vegetariano estricto se les recomienda una suplementación de vitamina B12. Otra indicación “clarísima”, conviene Jordi Salas-Salvador, catedrático de Nutrición de la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona, es el ácido fólico en mujeres que quieren quedarse embarazadas: “Se recomienda un suplemento de ácido fólico y hierro para prevenir el déficit o alteraciones del tubo neural en el bebé”. Un defecto del tubo neural puede provocar problemas en el sistema nervioso, como espina bífida, y el hierro sirve también, según los científicos, para prevenir el parto prematuro o el bajo peso al nacer.

El peso del marketing

En la práctica, sin embargo, el fenómeno de los suplementos dietéticos va más allá de la necesidad. Una encuesta publicada en la Revista Española de Nutrición Humana y Dietética reveló, tras sondear a 2.630 españoles, que el 70% de la población estudiada había tomado algún suplemento en el último año, ya sean complementos alimenticios, extractos de plantas, productos para deportistas o para adelgazar, entre otros. En Estados Unidos, una encuesta de salud reportó que más de la mitad de sus ciudadanos habían tomado algún suplemento dietético el mes anterior. La mayoría aduce que los toma para mejorar su salud, su rendimiento deportivo o para adelgazar. “Hay mucho marketing y una tendencia a suplir con complementos una mala gestión de la alimentación diaria. Para compensar eso, nos creemos que el complemento suple la situación que provocan nuestros hábitos”, valora Violeta Moizé, dietista y nutricionista del Hospital Clínic de Barcelona.

Pero no hay milagros en esas píldoras. “Son productos que contienen sustancias concentradas que nosotros podemos encontrar en los alimentos”, insiste Revenga. Y más, en un contexto como este, el de los países occidentales, donde hay “una disponibilidad alimentaria bestial”, afirma, y no hay carencias de ningún alimento. “Estos productos se comercializan porque la gente quiere ser engañada. En esas cajitas pone ‘más energia, menos cansancio, más vitalidad’ y eso nos resulta atractivo y queremos ser engañados. Se le trasladan a esos productos propiedades pseudomilagrosas”, lamenta el nutricionista. Pero las recetas mágicas no existen: “La vitamina D se relaciona con el sistema inmune, pero tomar más vitamina D no nos hará más inmunes a la covid. Tendremos un sistema inmune dentro de nuestra naturaleza humana, no seremos superhéroes”, ejemplifica.

Según la literatura científica, fuera de casos señalados y revisados por profesionales de la salud, los complementos alimenticios tienen un recorrido limitado. Ni la ingesta de suplementos vitamínicos y minerales entre personas sanas reduce el riesgo de enfermedades, ni los suplementos para adelgazar son un método eficaz contra la obesidad. Tampoco los ácidos grasos omega-3, que sí pueden ayudar a reducir los triglicéridos, tienen un impacto claro y contundente en la prevención de dolencias cardíacas.

Hay mucho marketing y una tendencia a suplir con complementos una mala gestión de la alimentación diaria”

Violeta Moizé, dietista y nutricionista del Hospital Clínic de Barcelona

Una revisión del Grupo de trabajo de servicios preventivos de los Estados Unidos (USPSTF, por sus siglas en inglés) sobre el papel de los complementos alimenticios en la prevención de enfermedades concluyó el año pasado que “la suplementación con vitaminas y minerales se asoció con poco o ningún beneficio en la prevención del cáncer, las enfermedades cardiovasculares y la muerte, con la excepción de un pequeño beneficio para la incidencia del cáncer con el uso de multivitaminas”. El betacaroteno, además, se vinculó con un mayor riesgo de cáncer de pulmón y otros resultados perjudiciales en personas con alto riesgo de este tumor.

Tras su análisis, la USPSTF desaconsejó el uso de betacaroteno o vitamina E para prevenir enfermedades cardiovasculares o cáncer y concluyó que la evidencia disponible es insuficiente para calcular el riesgo y beneficio de tomar otros suplementos nutricionales para evitar estas mismas enfermedades. A propósito de estas conclusiones, científicos de la Universidad Northwestern de Chicago firmaron un editorial en la revista JAMA en la que advertían: “La razón más común por la que las personas informan que toman suplementos es para mejorar o mantener la salud general. Sin embargo, las frutas y verduras enteras contienen una mezcla de vitaminas, fitoquímicos, fibra y otros nutrientes que probablemente actúan sinérgicamente para brindar beneficios para la salud. Los micronutrientes aislados pueden actuar de manera diferente en el cuerpo que cuando se empaquetan naturalmente con una serie de otros componentes dietéticos”.

Por otra parte, al tratarse de productos considerados alimentos, no fármacos, “no tienen obligación de demostrar aquello que dicen que hacen”, protesta Revenga, y tampoco requieren de una prescripción médica. Cualquier individuo puede consumirlos por su cuenta, aunque estos preparados no están exentos de riesgos.

Los peligros del exceso de vitaminas

Para empezar, uno de los peligros es el control de las cantidades. “Si comes muy bien y te tomas un multivitamínico, a lo mejor te estás pasando”, observa Revenga. El dietista señala que hay ingestas diarias máximas recomendadas de todos los nutrientes y, si se superan esos límites, “puede ser tóxico o tener efectos deletéreos”. “Tanta cantidad de esos nutrientes puede limitar la absorción de otros nutrientes”, explica. O interferir en la actividad de otras funciones orgánicas. O provocar efectos secundarios adversos. “Si das mucho fósforo, limitarás la absorción de calcio. Si das mucho yodo, se puede trastocar la función tiroidea. Si tomas mucha vitamina D, puedes tener diarrea”, indica el nutricionista.

En esta línea, Salas-Salvadó alerta de que “la absorción y la biodisponibilidad no es igual que si te la tomas en la alimentación” y pone otro ejemplo: “Con los antioxidantes, como la vitamina A, la E o el selenio, si tomamos una alimentación variada, tomamos diversas cantidades de distintos antioxidantes que son buenos para la salud. Pero si te pasas y tomas grandes cantidades, esto puede tener efectos oxidantes. Lo importante es tener una dieta equilibrada y que consumas los nutrientes a dosis fisiológicas normales”. Moizé avisa también del peligro de una “sobremineralización”: “Puedes saturar otros canales porque todos estos micronutrientes son cofactores de reacciones que pasan en nuestro organismo: se necesitan en una determinada cantidad para que una función se lleve a cabo y, si te excedes, puedes saturar alguna vía”.

Con los preparados que incorporan a su composición extractos de plantas, los expertos llaman la atención sobre la falta de estudios sobre su seguridad. Revenga denuncia que le presuponen beneficios no demostrados: “Es el componente exótico que sirve al fabricante como palanca de venta. Es ponerle purpurina y neones”, opina. En un artículo publicado en la revista International Journal of Environmental Research and Public Health, la investigadora polaca, Regina Wierzejska, apunta: “En los últimos años han aparecido numerosos preparados que incluyen plantas que nunca antes habían sido utilizadas en la medicina occidental. Sus mecanismos de acción no han sido suficientemente investigados y descritos, y las etiquetas no suelen incluir información sobre las contraindicaciones, lo que no significa que no existan. Los componentes de hierbas, especialmente las mezclas de hierbas, pueden tener un efecto negativo sobre los mecanismos de acción de los fármacos, ya sea acelerando la excreción del cuerpo o produciendo concentraciones peligrosamente altas en la sangre”.

Complementos adulterados

Otra de las amenazas con estos productos es la incorporación ilegal de sustancias que el fabricante no identifica en la caja y el consumidor ingiere sin saberlo. Hay sustancias que pueden provocar efectos adversos o interaccionar con otros fármacos que esté tomando el individuo. La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) vigila de cerca lo que llaman “sustancias farmacológicamente activas comercializadas como suplementos alimenticios” y alerta de su presencia. Sucede, sobre todo, con compuestos empleados para incrementar el vigor sexual, favorecer el desarrollo muscular o acelerar la pérdida de peso.

En un estudio donde se analizó la adulteración de suplementos dietéticos para mejorar la función sexial, se encontró que la mayoría contenía inhibidores de la fosfodiesterasa, como el sildenafilo, presente en la viagra. Y en varias muestras, incluso había una dosis de estas sustancias bastante superior a la máxima aprobada recomendada en los fármacos. “Se trata de una adulteración que es especialmente peligrosa cuando una persona lleva medicación, por ejemplo, para la tensión y el corazón, y no se está enterando”, denuncia Revenga. Y lo mismo sucede, dice, con los productos adelgazantes naturales, a los que se les incorpora principios activos de antidiabéticos. La AESAN lanzó el año pasado tres alertas por presencia de principios activos similares a los de la viagra en complementos alimentarios y otro aviso por la aparición de un fármaco contra la obesidad en un suplemento que se presentaba como un “producto natural”.

Los extractos de plantas son el componente exótico que sirve al fabricante como palanca de venta. Es ponerle purpurina y neones”

Juan Revenga, dietista y nutricionista

“La palabra natural es una llave que abre muchas puertas. La picadura de una serpiente o una erupción volcánica también son naturales”, bromea Revenga. Los expertos piden cautela con el consumo de estas sustancias y, antes de tomar ninguna decisión, recomienda Nieto, los ciudadanos deberían “hacer una revisión de su alimentación para ver qué necesitan, pero no autodiagnosticarse ni autoprescribirse nada”. Mejor, siempre, consultarlo con su médico de cabecera u otro profesional sanitario. Y tener cuidado con las promesas milagrosas.

“Hay un marketing muy grande y se hacen anuncios de cosas que no tienen evidencia de que funcionen y tampoco se habla de los efectos indeseados que pueden tener”, recuerda Salas-Salvadó. En sus recomendaciones, la propia AESAN, advierte también de que “natural no significa seguro, la ayuda para el control de peso solo tiene sentido con un estilo de vida saludable, el rendimiento deportivo requiere entrenamiento adecuado y dieta saludable y ningún complemento alimenticio es útil en las relaciones sexuales”.

Puedes seguir a EL PAÍS Salud y Bienestar en Facebook, X e Instagram.