Vie. Abr 12th, 2024

Los bebés atrapan el lenguaje a gran velocidad, mucho más rápido que los adultos. Apenas necesitan unos meses para empezar a entender palabras básicas y en un año, ellos mismos comienzan ya a articular palabras. Los científicos han planteado, incluso, que la adquisición del lenguaje se inicia antes de nacer porque a los seis o siete meses de gestación, el feto ya puede oír y los recién nacidos prefieren la voz de su madre antes que otras voces femeninas. Una investigación publicada hoy en la revista Science Advances incide en este campo y sugiere que la estimulación con el habla en etapas prenatales a través de la voz de la madre ya produce cambios en la actividad neuronal del bebé que contribuyen al aprendizaje de los recién nacidos en el procesamiento del lenguaje: desde antes de nacer, el cerebro del bebé empieza a modelarse, a partir de esas primeras experiencias con el lenguaje, para comprender su lengua nativa.

En la recta final del embarazo, el feto puede oír sonidos del exterior, pero debilitados. El útero actúa como una especie de filtro que atenúa las frecuencias superiores a 600 hercios: los sonidos individuales se suprimen y solo se conserva la melodía y el ritmo del habla. Suficiente, en cualquier caso, para que los recién nacidos prefieran la voz de su madre antes que otras y se inclinen por el idioma que hablaba la gestante durante el embarazo en vez de otras lenguas.

Lo que no se conocía hasta ahora es cómo se moldeaba el cerebro de los pequeños con esas primeras experiencias lingüísticas y si, en cualquier caso, esa exposición prenatal podía mejorar su capacidad para aprender el lenguaje en las primeras etapas de vida. “Aún no estaba claro cuánto aprenden los bebés de la experiencia prenatal”, admite la autora del estudio, Judit Gervain, investigadora del Centro de Neurociencia de la Universidad de Padua (Italia). “Estudios anteriores, incluidos estudios de nuestro laboratorio, demostraron que esta experiencia prenatal filtrada [por los tejidos maternos] efectivamente moldea la capacidad de los bebés para percibir el habla y moldea los mecanismos cerebrales relacionados con el lenguaje. Lo nuevo de nuestro estudio es que mostramos el aprendizaje a medida que se desarrolla. Descubrimos que la actividad del cerebro del recién nacido se modifica en tiempo real, incluso varios minutos después de escuchar el habla en el idioma nativo, es decir, el lenguaje escuchado antes del nacimiento”, expone la autora.

Los investigadores analizaron, a través de encefalografías, la actividad neuronal de 33 recién nacidos de madres francófonas. Les colocaron gorros con una decena de electrodos situados cerca de zonas cerebrales asociadas a la percepción auditiva y del habla y monitorizaron su actividad. “Primero medimos la actividad en estado de reposo durante tres minutos. Luego, los bebés escucharon habla en tres idiomas diferentes: francés, español e inglés en bloques de siete minutos. Por último, se midió nuevamente la actividad en estado de reposo durante tres minutos”, explican los autores. Los estímulos del habla eran grabaciones suaves, dirigidas a un bebé, con frases traducidas en los tres idiomas del cuento Ricitos de oro y los tres osos.

Al comparar los estados de reposo con los ciclos de estimulación lingüística, los investigadores quería descifrar si la exposición al lenguaje afecta a las dinámicas neuronales en el cerebro infantil. “Los cambios plásticos inmediatamente después de la exposición al habla pueden ser la base de la capacidad de los bebés para aprender sobre los patrones de sonido que escuchan. Nos preguntamos si la exposición al habla produce cambios duraderos en la dinámica neuronal, apoyando el aprendizaje y la memoria”, justifican los autores. Otra cuestión a resolver era si estos cambios plásticos en el cerebro ocurren tras la exposición a todos los idiomas o solo a la lengua escuchada durante su etapa prenatal. Esto es, si la experiencia prenatal ya da forma, de alguna manera, a los circuitos neuronales. “Si la experiencia prenatal ya influye, entonces los recién nacidos pueden mostrar mayores cambios plásticos después de la exposición al lenguaje escuchado prenatalmente que después de idiomas desconocidos”, sopesan los investigadores.

Tras realizar los estudios, los científicos concluyeron en su artículo que “la actividad electrofisiológica de los recién nacidos exhibe correlaciones temporales de largo alcance [LRTC, por sus siglas en inglés] aumentadas después de la estimulación con el habla, particularmente en el lenguaje escuchado antes del nacimiento, lo que indica el surgimiento temprano de una especialización cerebral para el lenguaje nativo”. Las LRTC son una unidad de medida que indica, según Gervain, “qué tan similar es una señal, en este caso la de la actividad cerebral, a sí misma en grandes escalas de tiempo”. “Descubrimos que después de la estimulación con la lengua materna, la actividad cerebral de los bebés es más similar a sus estados anteriores que antes de la estimulación. Esto es, por tanto, una señal de aprendizaje”, señala la científica.

Así, lo que sucede cuando se expone a los recién nacidos al lenguaje de la madre es que la actividad cerebral de los bebés se organiza de tal manera que la actividad se repite o se parece a sí misma durante largos períodos de tiempo. “Podríamos decir que conserva cierto tipo de memoria de sus propias respuestas a acontecimientos anteriores y esas mismas respuestas se vuelven más frecuentes”, traduce Gervain. La experiencia del lenguaje en etapas prenatales puede, pues, empezar a moldear el cerebro y contribuir al aprendizaje. “Los resultados muestran que para el francés, el idioma que se escucha prenatalmente, pero no para dos idiomas desconocidos, la actividad cerebral muestra más “memoria” de estados anteriores. Esto demuestra el aprendizaje del lenguaje escuchado antes del nacimiento”, apunta Gervain.

Impacto no determinista

Lo que sí matiza la investigación es que, si bien sus hallazgos sugieren que el período prenatal sienta las bases para un mayor desarrollo del lenguaje, “su impacto no es determinista”. “Significa que ayuda y apoya el aprendizaje del mismo idioma. Sin embargo, si el idioma que escucha prenatalmente no es el que el bebé aprenderá después del nacimiento, por ejemplo, debido a una adopción o una mudanza, etc., no haber tenido experiencia prenatal no tiene un efecto perjudicial fuerte. Los recién nacidos pueden aprender idiomas a los que no estuvieron expuestos prenatalmente de una manera típica y normal”, enfatiza la investigadora.

Jordi Costa Faidella, investigador del Instituto de Neurociencias de la Universidad de Barcelona y del Instituto de Investigación Sant Joan de Déu, considera que este estudio “añade evidencia a un campo en auge, como es el que investiga los efectos de la exposición prenatal a la estimulación auditiva que produce la madre o el sonido ambiente”. Lo más novedoso, indica, es la metodología aplicada. “Lo que aporta este estudio es esta idea de que es bastante específico el aprendizaje con el que nace el bebé: la actividad cerebral del bebé está en sintonía con el lenguaje de la madre, los ritmos cerebrales se ajustan al ritmo de la madre”, expone Costa Faidella. El científico destaca que este estudio, en el que no ha participado, abre posibilidades para intervenciones tempranas en bebés con riesgo de tener problemas de adquisición del lenguaje: “Si desde el útero ya se generan cambios plásticos a esta exposición, quizás se pueden hacer intervenciones antes en bebés que nacen con riesgo en el futuro de problemas relacionados con el lenguaje en el futuro. Por ejemplo, bebés con bajo peso al nacer o alto peso, que pueden tener más probabilidades de sufrir un poco de retraso en la adquisición del lenguaje”, sugiere el investigador.

En la práctica, en cualquier caso, la importancia de la exposición al lenguaje ya está reconocida como un elemento clave en el neurodesarrollo. En la unidad de neonatología del Hospital Vall d’Hebron de Barcelona, que atiende a niños prematuros, acostumbran a usar las voces como una herramienta de neuroestimulación. “Sobre todo, la voz de la madre. Intentamos estimularlo con su voz cuando está en la incubadora”, cuenta Fátima Camba, neonatóloga en este servicio. Son conscientes de la importancia de que esos prematuros, fuera del útero antes de tiempo, también estén expuestos a la voz y al lenguaje: todo eso es clave para el neurodesarrollo, apunta la médica. “Cuando el bebé nace antes de tiempo, intentamos que su desarrollo sea lo más parecido a la vida dentro del útero porque sabemos que los estímulos externos que recibe son inapropiados para él y le pueden afectar. Así, cuando nace prematuro, intentamos simular el entorno del útero y buscamos un ambiente silencioso, que la madre le hable de forma parecida a lo que escucharía dentro del útero”, explica.

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