Vie. Abr 12th, 2024

La Agencia Estatal de Investigación, dependiente del Ministerio de Ciencia, ha destituido a su alto cargo Francisco Tomás Barberán, uno de los científicos más citados del mundo, por su vinculación con la trama saudí para amañar el ranking internacional de universidades. Tomás Barberán declaró falsamente en 2020 que su lugar de trabajo principal estaba en la Universidad de Taif, a una hora en coche de La Meca, en vez de en Murcia, donde investiga en el Centro de Edafología y Biología Aplicada del Segura, perteneciente al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Esa trampa, visible solo en una base de datos, servía para aupar artificialmente a la institución árabe en el ranking de Shanghái, la clasificación universitaria más influyente del mundo.

Tomás Barberán era hasta ahora presidente del área de Ciencias agrarias y agroalimentarias de la Agencia Estatal de Investigación, un organismo público con 1.360 millones de euros de presupuesto anual, dedicados a financiar a los científicos en España. El investigador, nacido en Murcia hace 65 años, es un tecnólogo de los alimentos especializado en el papel de los microbios intestinales en la salud. Su nombre figura en la prestigiosa Lista de los Científicos Muy Citados, elaborada por la multinacional londinense Clarivate. Cuantos más investigadores de este listado tenga una universidad, más alto aparecerá en los rankings internacionales.

Graduación en la Universidad de Taif (Arabia Saudí), en la que declaró trabajar Francisco Tomás Barberán, del CSIC.

Las universidades saudíes han ofrecido hasta 70.000 euros al año en su cuenta bancaria a científicos españoles para que modifiquen su lugar de trabajo principal en la base de datos de Clarivate, según una investigación de EL PAÍS publicada en abril. En total, 19 reputados investigadores en España han constado falsamente como saudíes desde 2014. Tomás Barberán se ha negado repetidamente a explicar las condiciones de su contrato a este periódico, alegando que estaba aportando toda la información al comité de ética del CSIC. “En ningún caso ha existido perjuicio para el CSIC”, afirmó el 7 de noviembre. El organismo le acaba de abrir un expediente disciplinario, subrayando su “presunción de inocencia”.

La mudanza ficticia de Tomás Barberán a la región de La Meca ayudó a que la Universidad de Taif entrase entre las 900 mejores del mundo en el ranking de Shanghái en 2021. Esta institución árabe llegó a tener una decena de científicos muy citados el año pasado y entró en el top 300 de la clasificación universitaria, pero, tras el escándalo destapado por este diario, ya solo tiene seis de estos codiciados investigadores. Un informe del especialista Yoran Beldengrün, de la consultora barcelonesa SIRIS Academic, calcula que la Universidad de Taif caerá unos 25 puestos en el próximo ranking de Shanghái. El descenso es un varapalo para el proyecto Visión 2030, un plan impulsado por el príncipe heredero Mohamed Bin Salmán que pretende tener al menos cinco universidades saudíes entre las 200 primeras al final de esta década.

La Agencia Estatal de Investigación cesó a Tomás Barberán el 13 de noviembre, según confirma el director de la institución, el físico Domènec Espriu. La destitución ha llegado siete meses después de conocerse la trampa, pero apenas unos días después de la apertura del expediente disciplinario en el CSIC. “Nos gustaría resaltar que el doctor Francisco Tomás Barberán ha venido desarrollando sus tareas de manera muy satisfactoria, contribuyendo al desarrollo de su área de conocimiento de forma decisiva, por lo que desde la Agencia Estatal de Investigación agradecemos enormemente el trabajo realizado”, señala Espriu. “En ningún caso la agencia, con este cambio, quiere prejuzgar el desenlace de los procedimientos que pudieran estar abiertos y que pudieran afectar al profesor Tomás. No obstante, ha estimado conveniente proceder a una renovación en la presidencia del área con el fin de garantizar la máxima transparencia e independencia en todas las actuaciones”, sostiene el director.

La Universidad de Córdoba expulsó hace un año a su profesor Rafael Luque, con una sanción de 13 años sin empleo y sueldo, tras descubrir que declaraba falsamente que su lugar de trabajo principal era la Universidad Rey Saúd, en la ciudad saudí de Riad. La universidad española se desplomó unos 150 puestos en el ranking de Shanghái por aquel ardid de Luque, saliendo del top 800, según la estimación de la consultora SIRIS Academic. El CSIC no aparece en esta clasificación internacional, reservada a las universidades. Pere Puigdomènech, expresidente del Comité de ética del CSIC, afirmó el 28 de noviembre en un artículo en EL PAÍS que los propios procedimientos de la Administración pública en España “contribuyen a pervertir el sistema”. A su juicio, “a las instituciones les cuesta analizar posibles casos de malas prácticas y llegar a medidas disciplinarias, en parte por tradición corporativista, pero también porque las reglas de la Función Pública impiden aplicarlas”.

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