Lun. May 20th, 2024

Javier Solana (Madrid, 81 años) parece muy sorprendido de su propia peripecia vital. “He tenido mucha suerte”, dice. Le llamó la ciencia y llegó a catedrático de Física del Estado Sólido, fue ministro en varios de los gobiernos socialistas de Felipe González y luego saltó a la política internacional, que es lo que le sigue apasionando. Primero como secretario general de la OTAN (años antes se había opuesto con fuerza a esta organización) y luego como alto representante de la Unión Europea para la Política Exterior y la Seguridad Común: sigue siendo un furibundo europeísta, partidario de una integración cada vez mayor. Su libro de memorias, Testigo de un tiempo incierto (Espasa), que ha recibido el premio Espasa de Ensayo, se centra especialmente, aunque no solo, en esa faceta internacional. “Es que la política exterior me parece la parte más sorprendente de mi vida”.

Pregunta. Aunque su texto comprende desde la caída de la Unión Soviética hasta la guerra de Ucrania, ahora tenemos que hablar de Gaza.

Respuesta. Conozco muy bien Gaza, he estado muchas veces. Visitar Gaza es un choque muy importante. Es una pobreza grande, una densidad de población grande, muy triste. No hay parques para los niños, la vida es muy apretujada.

P. ¿Qué hacía allí?

R. Desde la UE, cuando yo era alto representante, fuimos los que abrimos el paso de Rafah, con Egipto, durante muchos meses. Los egipcios dejaban que entrara comida, pero no les gustaba nada que salieran personas. Tuvimos que manejarlo con cuidado. Conozco bien esa frontera, estaba llena de túneles para llevar comida, entonces no se pensaba en otra cosa.

P. ¿Qué va a ocurrir?

R. Me temo que va a haber una entrada por tierra de Israel. Pero tienen miedo a entrar, porque ya han estado en Gaza, y Gaza no les gusta. Hace falta que entre comida: han dejado pasar 20 camiones, pero se necesitan 200 diarios. Son importantes las palabras de Biden: le dijo a Netanyahu que no se equivocase como los estadounidenses se equivocaron tras el 11-S, cuando actuaron con afán de venganza. Hubo dos guerras que no sirvieron para nada.

P. ¿Escuchará Netanyahu?

R. Supongo que no. Israel tiene hace demasiados años un Gobierno de una persona que yo no respeto. Netanyahu es un fracaso, ha sido uno de los más duros para que no se cumplieran los acuerdos fundacionales de los dos Estados. Yo he trabajado con Ariel Sharon, que se suponía el más duro, y llegamos a pequeños acuerdos. Con Netanyahu es imposible. Y si no se llega a la solución de los dos estados, la situación va a ser siempre explosiva.

P. ¿La respuesta al atentado de Hamás está siendo desproporcionada?

R. Yo denuncio el atentado de Hamás, hay que decirlo y lo digo. Y comprendo que Israel quiera recuperar a sus rehenes. Esas frases están muy bien, pero ahora hay que resolver el problema. Y las guerras también tienen leyes. La respuesta de un país que bombardea por aire y que quiere meter tanques en un lugar tan pequeño es muy desproporcionada.

Javier Solana, el martes en un hotel céntrico de Madrid.Samuel Sánchez

P. Rusia es el gran hilo central de su libro.

R. No es que Rusia sea el centro, pero es el país que tiene una evolución más importante y sorprendente. Putin ha cometido varios errores a lo largo de su vida que le han hecho mucho daño a mucha gente.

P. Usted lo conoció.

R. Sí, cuando era joven y estaba trabajando para Boris Yeltsin. Y vi cómo aquel hombre salido de la KGB, de las entrañas del sistema, llegó a ser uno de sus más próximos colaboradores: su jefe de gabinete, su primer ministro y luego su sucesor.

P. ¿Cómo es?

R. Es un hombre más frío que Yeltsin, alguien que piensa mucho las cosas antes de decirlas, que se prepara los temas, que sabe que la venganza es un plato que se sirve frío. No fue amigo mío, pero tuve con él una relación muy natural.

P. ¿Usted se imaginaba que Putin llegaría tan lejos?

R. No.

P. Algunos expertos, como Tim Marshall, relacionan la política exterior rusa a lo largo de la historia con el hecho de tener delante la gran llanura del norte de Europa. Por ahí atacaron, sin éxito, Napoleón y Hitler.

R. Totalmente de acuerdo. Rusia siempre ha tenido esa preocupación por la “profundidad estratégica”. Eso viene ya de los zares. Después de la caída del muro de Berlín, ese espacio se va acortando, y Rusia no sabe cómo conseguir que se mantenga. Así que quiere que Ucrania sea parte de esa profundidad estratégica, pero Ucrania no quiere. Se ve cercada, pero por ese concepto que tienen los rusos tan arraigado. Ahora, sin embargo, Suecia y Finlandia están en la OTAN.

P. Si tanto le importa a Rusia ese espacio, ¿es buena idea la expansión de la OTAN y la UE hacia el Este, de la que usted ha sido partícipe?

R. Lo que no es buena idea es lo que piensa Rusia, que no quiere tener frontera con el otro. Lo de la profundidad estratégica es una obsesión. Putin no puede tener la frontera que él quiera: hay países que no están dispuestos a ser avasallados.

Putin piensa mucho las cosas antes de decirlas, se prepara los temas, sabe que la venganza es un plato que se sirve frío”

P. La guerra de Ucrania parece haberse quedado fuera de foco. ¿Cómo se puede arreglar ese conflicto?

R. Como hay periódicos en tiempo real, y cosas como TikTok, ahora parece que cada segundo es un siglo. Pero no es así. La pelea de Ucrania y Rusia no es de hoy, viene de más atrás. No sé cómo va a terminar. Antes, las guerras se ganaban o se perdían, yo creo que hoy hay que buscar los armisticios. Ni siquiera hace falta una paz jurídica, un tratado; basta una paz física. Que no muera gente.

P. En los comienzos de la guerra se empezó a hablar armas nucleares. Daba mucho miedo. ¿Hubo riesgo de guerra nuclear?

R. Yo creo que no, aunque quizás es más por el deseo de que no la haya. Es de las pocas cosas en las que China le dio un capón a Rusia. Le dijo: por ahí no vayas. Y las alusiones a las armas nucleares desaparecieron rápidamente de los discursos. Se notó quién mandaba.

P. ¿Qué se siente siendo testigo y partícipe de tantos momentos históricos?

R. Muchas veces, aunque sepas que es importante, ni te das cuenta de que son momentos históricos. Te cuesta entender la proyección. Yo fui avanzando a cosas cada vez más interesantes. No me arrepiento de casi nada. Solo he tenido un fracaso, que arrastro.

P. Lo deja caer en el libro. ¿Qué fracaso es ese?

R. Es algo que no quiero decir.

P. ¿Se sigue identificando como socialista?

R. Me sigo identificando como un socialdemócrata. Un socialdemócrata de ciencias, creo que es importante decir eso. Mi análisis ha sido diferente del que hace el ético, el economista o el politólogo.

P. En el debate público se compara con frecuencia el PSOE de otros tiempos con el PSOE actual. Se critica su deriva.

R. A mí siempre me ha gustado el PSOE. El partido ha evolucionado porque evoluciona la vida, Europa, el mundo. Los socialistas no son perfectos por definición, hacen cosas buenas y a veces se equivocan. Pero sigo siendo un socialdemócrata convencido y no quiero dejar de serlo: seguiré votando a mi partido.

Sigo siendo un socialdemócrata convencido y no quiero dejar de serlo: seguiré votando a mi partido

P. ¿Qué opina de la amnistía que se plantea?

R. Me parece bien todo lo que sea recuperar una relación rota entre España y Cataluña. Cuando regresé a España busqué tener una pierna en Madrid y otra en Barcelona, y lo conseguí, por ejemplo, en Esade o en la Fundación La Caixa.

P. ¿Cómo le ha ayudado su formación en Física para su trabajo político?

R. Supongo que tengo una forma de pensar ordenada, conozco el límite de las cosas, tengo sentido del rigor. He estudiado ciencias y he investigado, he sido catedrático y he dirigido tesis… La vida política es mucho más plástica y el rigor de la ciencia supone un sitio donde agarrarte. La ciencia también te lleva a respetar al otro: sabes que el otro también es un puñado de moléculas colocadas de cierta manera. Y muy parecida a la tuya.

P. ¿Qué pensó cuando lo propusieron para ser secretario general de la OTAN?

R. Le pregunté a Bill Clinton, que estaba empeñado en que fuera yo, si se daba cuenta de a quién le estaban haciendo esta propuesta. Y me dijo: “Claro, he visto su ficha de la CIA”.

La ciencia también te lleva a respetar al otro: sabes que el otro también es un puñado de moléculas colocadas de cierta manera. Y muy parecida a la tuya”

P. ¿La CIA lo tenía fichado?

R. Sí, aunque yo no lo sabía. Es porque al ir a estudiar a Estados Unidos, con una beca Fullbright, en la época de Kennedy y Martin Luther King, había sido un activista estudiantil, había asistido a todas aquellas manifestaciones contra la guerra de Vietnam.

P. Tal vez su momento más difícil fue la intervención de la OTAN en los Balcanes, con el bombardeo de Belgrado.

R. Recuerdo aquello muy bien. Yo no tomé la decisión, era un consejo, pero sí que tuve que dar la cara en varios momentos. Algunas bombas impactaron en lugares civiles. A nivel político, lo más grave fue el misil que impactó en la Embajada china.

P. No es lo mismo ser ministro de Cultura que estar al frente de la OTAN. Hay conflictos, misiles, víctimas civiles.

R. Cuando acabas en una organización internacional con esas atribuciones, tienes que aceptarlas y gestionarlas lo mejor posible. No te quepa duda de que lo gestioné lo mejor que pude.

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