Jue. Abr 25th, 2024

En el Carbonífero, período geológico de hace 359 a 298 millones de años, algunos tetrápodos salieron del agua. Ahora han descubierto piel de hace 289 millones de años de un amniota, un animal ya plenamente terrestre. El tegumento conserva varias de sus capas y por los patrones que presenta, con escamas y protuberancias, todo indica que tenían una epidermis similar a la de los lagartos. Esta innovación fue clave para que los amniotas, antecesores de reptiles, aves y mamíferos, conquistaran todo un nuevo territorio, los continentes.

La piel, como el resto de tejidos y órganos, se lleva mal con el paso del tiempo. Las bacterias de dentro y todos los microorganismos exteriores, la acción del oxígeno y las reacciones químicas con los minerales con los que entra en contacto, dejan a cualquier vertebrado en los huesos. Son los dientes y la osamenta lo que mejor se conserva, como la de una ballena de hace 40 millones de años, que está considerado el animal más pesado que haya habitado jamás la Tierra.

Pero, en ocasiones, se fosilizan las partes blandas, al mineralizarse, quedando como una mancha con relieve sobre la piedra. Más raro aún es el hallazgo de piel que conserva su estructura tridimensional, como la que acaban de descubrir ahora paleontólogos canadienses. Y este caso es aún más excepcional porque la epidermis en cuestión es de uno de los primeros animales terrestres.

En los fragmentos de la piel descubierta se pueden observar las escamas con las que contaron los amniotas, los primeros vertebrados terrestres.Current Biology/Mooney et al.

La piel, encontrada en el yacimiento de Richard’s Spur, Oklahoma (EE UU), está fragmentada y todos los trocitos juntos no son más grandes que una uña, pero su estudio al microscopio reveló tejidos epidérmicos, un sello distintivo de la piel de los amniotas. Tal y como detallan los investigadores en la revista científica Current Biology, el tegumento conserva tubérculos convexos, como las protuberancias que hay en la piel de cocodrilo, y la parte más exterior está formada por escamas terminadas en tejido córneo, formado por queratina endurecida.

“Plenamente terrestre”

Para el paleontólogo de la Universidad de Toronto (Canadá) Robert Reisz, autor sénior de esta investigación, “la presencia de este tipo de piel indica que estamos ante un animal plenamente terrestre”. Se cree que en la larga transición al nuevo modo de vida, debieron de existir grupos de animales que, como los anfibios, tenían características semiacuáticas. “Los trabajos geológicos y paleoclimatológicos indican que este animal vivía en un ambiente tropical, con un clima de tipo monzónico”, añade Reisz.

Una epidermis como la descrita no podía ser un anfibio. El tegumento de estos animales cuenta con glándulas que lo mantienen húmedo, algo que no hacía falta en un ambiente seco. Además, su piel desnuda les sirve para respirar el oxígeno, lo que no podrían hacer con escamas queratinizadas. “Los primeros vertebrados terrestres también incluyeron a anfibios, pero aquí estamos hablando de amniotas. Esto significa que los primeros amniotas, el ancestro común de los reptiles, aves, mamíferos vivos y sus parientes extintos, tenían este tipo de piel”, termina el profesor Reisz.

Los amniotas son animales vertebrados de cuatro patas. Una de las mayores innovaciones que le permitieron la vida en la porción terrestre del planeta fue el desarrollo de hasta cuatro capas que protegen al embrión, alojando alimento y humedad. Con esto, se hizo posible la reproducción ovípara en un entorno seco. Pero estos recién llegados lo hicieron con otras innovaciones, como la respiración exclusivamente pulmonar o la piel seca. Gracias a la acumulación de queratina en la epidermis, las escamas formaron una barrera que, mientras impide la deshidratación, protege de las agresiones del exterior, como la lluvia o los rayos del Sol.

Junto a esta piel también se encontraron rastros de epidermis fosilizados adheridos a las vértebras de un pequeño animal, el Captorhinus aguti, un amniota de apenas 30 centímetros. Esto lleva a Ethan Mooney, primer autor del estudio y también de la Universidad de Toronto, a sugerir que la piel que han descubierto sea de este mismo animal: “Es razonable suponer que estos fragmentos de piel aislados son en realidad de un C. aguti porque tienen componentes córneos y también vemos estructuras córneas dispuestas en bandas en el esqueleto de uno de estos animales”.

Además, en el mismo yacimiento se han encontrado cientos de miles de huesos y la mayoría son de esta especie. “Este animal fue el más abundante en este sitio y también es uno de los primeros reptiles, por lo que consideramos que hay evidencias de que posee estructuras de piel al menos similares. Así que es probable que le pertenezcan, pero no podemos decirlo con certeza”, añade Mooney.

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