Jue. Abr 25th, 2024

Estados Unidos ha vuelto a la Luna. Más de medio siglo después de la última misión del programa Apolo, un artefacto con la bandera de las barras y estrellas ha llegado este jueves al satélite natural de la Tierra. Lo ha hecho de la mano de una empresa privada, Intuitive Machines, la primera que logra el hito de alunizar con éxito. La empresa tiene su centro de mando en Houston (Texas), la ciudad donde reposa el Apolo 17, el último aparato estadounidense que llegó a la Luna, en 1972. El módulo Odiseo se ha posado sobre la superficie del satélite con algo de retraso sobre los horarios que inicialmente iba manejando la NASA, la agencia espacial estadounidense, debido a algunos problemas técnicos. Aun así, con el suspense propio de la ocasión, ha llegado a tiempo de su cita con la historia. Bill Nelson, administrador de la NASA, ha tenido ocasión de remedar la frase más célebre de la conquista espacial: “Esta hazaña es un gran paso adelante para toda la humanidad”, ha dicho.

Tras llegar a cero la cuenta atrás del alunizaje, ha habido unos minutos de incertidumbre hasta recuperar la comunicación y lograr la confirmación de que Odiseo ha alunizado. “Nuestro equipo está sobre la superficie de la Luna”, ha dicho el director de misión. En la sala de mando se percibía inquietud y nerviosismo, según la señal transmitida por la NASA y la empresa, hasta que ha cantado victoria y han estallado los aplausos.

No ha habido confirmación inmediata de que todo funcione según lo previsto, pero la NASA también ha celebrado el alunizaje: “Hoy, por primera vez en más de medio siglo, Estados Unidos ha vuelto a la Luna. Hoy por primera vez en la historia de la humanidad, una empresa comercial y americana ha lanzado y liderado el viaje hasta allí. Y hoy es un día que muestra el poder y la promesa de las asociaciones comerciales de la NASA. Enhorabuena a todos los implicados en esta gran y audaz búsqueda en máquinas intuitivas, a SpaceX y aquí mismo en la NASA. ¡Vaya triunfo! Odiseo ha tomado la Luna”, ha dicho Bill Nelson antes de copiar a Neil Armstrong.

El aparente éxito de Odiseo llega tras el reciente fiasco de una misión japonesa y otra estadounidense, los últimos capítulos de unos meses complicados en la carrera espacial. El módulo de alunizaje de Intuitive Machines fue lanzado al espacio por un cohete de Space X, la compañía fundada y dirigida por Elon Musk. El Falcon 9 de SpaceX iba alimentado por primera vez con metano, un combustible que China ya había logrado usar con éxito.

El artefacto, un prisma hexagonal con seis patas de aterrizaje de más de cuatro metros de altura y 1,5 metros de ancho, se ha posado en una llanura fuera del cráter Malapert A. El módulo de aterrizaje encendió este miércoles su motor en la cara posterior de la Luna mientras estaba fuera de contacto con la Tierra. Los controladores de vuelo de la sede de la empresa en Houston tuvieron que esperar a que la nave emergiera para saber si el módulo de aterrizaje estaba en órbita o se alejaba sin rumbo, en uno de los momentos más delicados de la misión.

Durante el jueves, los controladores han ido bajando la órbita del artefacto de unas 60 millas (cerca de 100 kilómetros) a 6 millas, en una maniobra crucial en la cara opuesta del satélite natural de la Tierra. Luego han apuntado al descenso cerca del polo sur de la Luna. A algo más de un kilómetro del lugar de aterrizaje, la nave ha pivotado en posición vertical y los sensores han buscado un lugar seguro donde tomar tierra. El instrumento láser original que debía haber servido de guía para el aterrizaje ha fallado, así que en su lugar se ha utilizado otro proporcionado por la NASA que viajaba como carga útil de forma experimental. Eso ha provocado que el artefacto orbitase la Luna una vez más, lo que ha retrasado dos horas el alunizaje.

En los últimos 15 metros del descenso, el aparato ha dejado de utilizar la cámara y el láser de medición de altitud para no dejarse engañar por el polvo levantado por el escape del motor.

El aparato se ha posado en una región peligrosa para un alunizaje, llena de cráteres y precipicios, pero considerada de alto valor, porque se cree que esos cráteres en sombra permanente contienen agua congelada, cerca del cráter Malapert A, a 260 kilómetros del polo sur lunar. El cráter recibe su nombre en homenaje al astrónomo belga del siglo XVII Charles Malapert. Allí, cerca de donde ya aterrizó con éxito la India, se pretende explotar el gigantesco recurso del hielo de agua para la futura exploración espacial. Los astronautas que visiten la Luna en el futuro podrían utilizar el hielo de esos cráteres para obtener agua potable, oxígeno e incluso combustible. Las anteriores misiones estadounidenses llegaron a las regiones lunares ecuatoriales.

Colaboración privada

La NASA ha pasado a subcontratar con empresas privadas gran parte de sus misiones y planea seguir haciéndolo. Intuitive Machines es uno de los 14 proveedores seleccionados para llevar cargas útiles a la Luna a través de su iniciativa CLPS (siglas de servicios comerciales de carga útil lunar). Con ese programa busca que empresas estadounidenses lleven cargas científicas, de exploración y tecnológicas a la superficie y la órbita lunar.

En esta misión la NASA es el principal cliente, con la mitad de las 12 cargas útiles que transporta Odiseo. Ha pagado a Intuitive Machines 118 millones de dólares por llevar a la Luna sus instrumentos de trabajo. Se trata de una cámara estereoscópica para observar el penacho de polvo que se levanta durante el aterrizaje; un receptor de radio para medir los efectos de las partículas cargadas en las señales de radio; un experimento con funcionalidades para la navegación autónoma en apoyo de futuras operaciones en superficie y orbitales; un conjunto de ocho retrorreflectores que servirá de marcador de posición permanente en la Luna durante décadas; un sensor de descenso y aterrizaje basado en Lidar, un instrumento que funciona según los mismos principios que el radar, pero con láser (que ha tenido que ser utilizado en el descenso), y un medidor que utiliza ondas de radio para determinar cuánto combustible propulsor queda en los depósitos en un entorno de baja gravedad.

También hay cargas de clientes distintos de la NASA, como una cámara construida por estudiantes de la Embry-Riddle Aeronautical University de Daytona Beach (Florida) y un proyecto artístico de Jeff Koons.

Intuitive Machines hace historia al convertirse en la primera empresa privada que llega con éxito a la Luna. Tres intentos anteriores no gubernamentales fracasaron. Uno correspondió a una empresa estadounidense, otro a una japonesa y un tercero a una iniciativa privada israelí sin ánimo de lucro. La estadounidense Astrobotic Technology intentó enviar un módulo el mes pasado, pero ni siquiera llegó a la Luna debido a una pérdida de combustible. Este módulo regresó en caída libre a través de la atmósfera y se incendió hasta desintegrarse sobre el Pacífico. Todos los aparatos que viajaban a bordo, de distintas instituciones de todo el mundo, se perdieron con la nave. La sonda Hakuto-R, que lo intentó en abril del año pasado, no dio señales después de la hora prevista para el contacto, lo que se interpretó como que se había estrellado. Un intento similar lanzado por un grupo de israelíes se estrelló en 2019.

Japón se convirtió en enero en la quinta nación que consigue aterrizar en la Luna, pero su nave lo hizo de lado. La sonda japonesa SLIM se posó con los propulsores mirando hacia arriba y los paneles solares volcados hacia un lateral, por lo que sus funciones quedaron seriamente comprometidas. Los otros países que gracias a iniciativas gubernamentales han llegado al satélite son EE UU, la antigua Unión Soviética, China y la India.

Con misiones como la actual, la NASA pretende obtener nuevos conocimientos sobre el entorno lunar para apoyar futuras misiones tripuladas en el marco de la campaña Artemis. Esta misión era la IM-1. Intuitives Machines pretende lanzar la misión IM-2 a finales de este año y la IM-3 en 2025. Por ahora, la NASA ha tenido que posponer sus planes de regresar con personas a la Luna, precisamente por la acumulación de problemas técnicos con varias de las empresas implicadas. La última vez en que los astronautas pisaron la Luna fue en diciembre de 1972, con el Apolo 17. Medio siglo después del paseo lunar de Gene Cernan y Harrison Schmidt, la aventura espacial continúa.

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