Lun. May 20th, 2024

Dice Antonio Arias que siempre fue tímido, menos cuando cogía una guitarra y se ponía a tocarla. De chaval, ese “escudo”, tal y como decía Paco de Lucía de su amor por la guitarra, le ayudó a que le fuera bien con las chicas y en las pandillas de colegas y, al final, a mejorar su destreza para comunicarse con un instrumento. Es una regla no escrita, pero suele pasar que los tímidos de nacimiento terminan por ser profusos creadores. Al menos, muchas veces superan las barreras de la timidez con saltos en los que se fijan otros.

Cuesta imaginar a un Antonio Arias tímido, con esa capacidad que tiene para transmitir tanta energía bien concentrada y acaparar la atención con sus palabras siempre instruidas. Antonio Arias es una de las mentes más inquietas y admirables de la música española. Conocerle es entrar en contacto con un ser que se distingue por tener un estilo propio, eso que es tan difícil y tan buscado.

Adentrarse en este estilo de Antonio Arias, a través de sus propias palabras, es fácil ahora gracias al libro En el satélite de Lagartija Nick. Conversaciones con Antonio Arias, publicado por Muzikalia. Un trabajo que repasa la trayectoria y la vida del músico granadino a partir de las entrevistas hechas por el periodista Óscar Cabrera.

La música independiente española tiene en Antonio Arias a un maestro del oficio de crear canciones. Composiciones como animales libres y salvajes, a la búsqueda de musas, papeles viejos y trastos rotos y, como decía Caballero Bonald sobre la poesía, que son esgrimidas “contra los desahucios de la razón”. Porque Arias es uno de esos músicos en la trastienda del negocio que destaca por esforzarse en explorar antes que por epatar. Una premisa que siempre es agradecida para los oyentes menos perezosos, pero no tanto para un negocio donde todo se busca más masticado, que sangre menos.

Es curioso cómo, de un tiempo a esta parte, el mercadeo del indie español tiende a consagrar propuestas musicales bastante moldeadas e inofensivas y, sin embargo, renuncia a elevar más a personalidades menos complacientes, que arriesgan más y buscan ensanchar los márgenes. La música independiente siempre fue otra cosa desde los tiempos de la contracultura y, en España, el indie era otra cosa en los noventa. Había una ética, una filosofía y una verdadera forma de trascender desde la lucha alternativa y fuera de los postulados de las corporaciones y oyentes medios, de lo industrial. Esta filosofía ahora se diluye en los tiempos líquidos y se confunde con una glorificación de lo pop que, muchas veces, apaga o merma a las combustiones espontáneas, auténticas y singulares.

Con la perspectiva que da el tiempo, Lagartija Nick son ya unos clásicos de la escena independiente española, pero su impacto mediático y comercial siempre queda alejado de lo deseable, más bien de lo mínimo esperable. Antonio Arias es alma pura de Lagartija Nick y solo por eso debería figurar en un lugar destacado. Como The Band con Bob Dylan, Lagartija Nick acompañaron a Enrique Morente en esa apasionante cruzada artística llamada Omega. Son palabras mayores y, con todo, tampoco deben tapar toda la trayectoria de un grupo inclasificable, atento a su propia identidad underground y noise, capaz de no perderse en modas y seguir sacando discos sobresalientes como El perro andaluz, publicado en 2022.

Del libro de Oscar Cabrera se pueden conocer buenas anécdotas de esos años de Arias en Lagartija Nick, que se repasan disco por disco, pero también en 091, banda indispensable con la que comenzó su singladura a los 16 años después de haber hecho unos pinitos en un grupo que formó llamado Ego. Un libro que nos ofrece también una panorámica de toda esa música indie de vieja escuela, con sus conexiones con la erudición underground anglosajona, sus referentes de otro siglo y su parte de ideología cultural. Una esencia que, hoy por hoy, parece quedar lejos en el circuito actual y es muy difícil de hallar en un indie vendido como un anuncio de centro comercial.

Los homenajes tienen que llegar en vida. Como las reivindicaciones. La reivindicación de Antonio Arias no es nueva ni será la última. Es uno de los nombres importantes de una lista no tan larga en la que se confirma que el viejo indie pesa más que el nuevo. Si es que al nuevo, en ese cajón desastre que se agranda durante dos décadas en el siglo XXI, realmente se le puede llamar indie.

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