Jue. Abr 25th, 2024

Ana Tijoux (Anamaría Tijoux Merino, 46 años, Lille, Francia) ha convertido las pérdidas en un pozo al que ir a buscar agua. El fallecimiento de su hermana en 2019 y otras despedidas le hicieron reflexionar sobre la impronta que dejan los seres queridos aun cuando no están. “La educación que tenemos no nos prepara para las pérdidas”, evidenció la cantante en un encuentro virtual con los lectores de EL PAÍS. Primero estuvo la pena, pero después llegó la alegría de la memoria, de las risas compartidas. Así que de esa dualidad entre la muerte y la esperanza nació un disco, Vida, que se publica en enero y que supone la vuelta de uno de los referentes de la música en español 10 años después de su último trabajo.

Tijoux llevaba desde 2014 sin lanzar disco (Vengo), aunque la composición siempre está presente en su vida, incluso aunque ella no se dé cuenta: “Pensé, de manera ingenua, que no había creado hace tiempo y el otro día me puse a escuchar un montón de canciones que no he sacado”. Además, este 2023 ha publicado un libro, Sacar la voz, un título que ya dio a una de sus canciones y que podría definir su carrera, marcada por el activismo político y social. Pero ha sido en los últimos meses cuando las letras se han ido precipitando de manera más clara hasta formar Vida. Asegura que es su trabajo más alegre y bailable.

A pesar de que todavía no se ha publicado, sí se conocen algunos adelantos, como Tania, canción dedicada a su hermana. Su energía es el poso de una canción que la honra y que compagina la nostalgia con la vitalidad. “Las pérdidas y la muerte siempre tienen ese contrapunto”, reflexionó durante el encuentro, que forma parte de las actividades exclusivas de EL PAÍS+.

Esta postura serena y valiente hila todo el álbum, como en otro de los temas que ya está disponible, Niñx. Tijoux estaba viendo las noticias y le pareció que en medio de tanta violencia sus hijos (tiene dos) necesitaban una canción “para que no perdiesen la esperanza”, así que compuso esta letra: “Adelante para arriba vamos niña vamos allá / toma el puente cruza el río que esta agua te dará/ la lluvia, la risa, la vida, mi niña / no pierdas la risa mi niña, mi niña”. Aunque en concreto fue su hija el punto de partida, la cantante se dio cuenta de que también era una canción para sí misma.

Si la niña que fue Tijoux la viese ahora, cree que se burlaría de ella. “Quizás me convertí en lo que no me quería convertir”, lanzó. El mundo de los adultos le parecía muy aburrido y, si bien ha perdido la simplicidad del juego infantil, no la curiosidad. Esta es la que siempre la ha guiado en busca de ritmos que van más allá del hip hop que la catapultó.

Aunque la pequeña Anamaría no se imaginaba su futuro, lo cierto es que Tijoux ha logrado ser un referente en la música. La revista Billboard la ha elegido como la tercera mejor rapera en español en una lista mixta en la que es la primera mujer en aparecer. Agradece el reconocimiento, pero le causa algo de “conflicto”. Le resulta difícil posicionar en una lista a sus referentes o elegir un género sobre otros y añade que “en términos educacionales” quizás las clasificaciones no sean un buen ejemplo.

Los premios, la exposición mediática y la vulnerabilidad a la que esto la conduce los lleva con humor. Trata de que no sea todo “tan grave”. No huye, en cambio, de la responsabilidad que supone que movimientos sociales tomen sus canciones como bandera: “Uno comete errores, pero creo que es muy linda esa tarea de crecer juntos”.

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